domingo, 23 de junio de 2013

Andy Kaufman y la magia del no-humor





“Nada por aquí… nada por acá… y… ¡Voilà! … nada…”

      Si la gracia de un humorista está en el talento de poder “semi-ocultar” su ironía en un enunciado cualquiera, de modo tal que si no se descubre la puya, el chiste no surte su efecto; el humor (o, más bien, la magia) de Andy Kaufman apuntó precisamente a lo contrario: no revelar la gracia de la supuesta broma e, incluso, y con un celo propio de prestidigitador, mantener y perpetuar la expectación en ese absurdo que, prometiendo una potencial risotada, llegaba sólo a provocar un verdadero fastidio.
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      Pareciera ser que la única forma de realizar un ejercicio así de complejo (convencer de que viene un chiste y no revelar nunca su gracia) es haciendo de aquel “absurdo” una forma de vida; confundiendo constantemente la verdad con lo ficticio y manteniendo firme la duda en la cabeza de todos. Y, siendo así, hablar de la pretendida obra de Kaufman es hablar de su vida. .
     Si edificar una obra/vida así, parece complejo y solapado; intentar reconstruirla cinematográficamente, podría, en consecuencia, pensarse como una empresa doblemente peliaguda.
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Mas, y sin embargo, ahí está Kaufman, incluido en la historia de las escenas de humor más remarcables y legendarias de la pasarela norteamericana; y, aquí está su película en homenaje, incluida como una de las mejores piezas del cine del año ´99; como una de las obras fílmicas más logradas del director Milos Forman; como una de las mejores interpretaciones cómico/dramáticas del multifacético Jim Carrey; e inmortalizada con un título de canción que venía ya anunciando y denunciando, desde 1992, la maestría y admiración que provocaba su irreverencia en el mundo; “Man on the moon” (de R.E.M.)..
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      “Man on the moon”, cuyo nombre invoca aquel chiste aún no revelado y contenido en las teorías de la conspiración de los alunizajes del Programa Apolo de los años 60, resume la vida de Kaufman a un chiste o no-chiste que aún espera que su dueño lo libere para que podamos soltar esa gran carcajada. .
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      Recomendar una película así solo podría hacerse diciendo: Milos Forman,  Jim Carrey, Tony Clifton, Danny DeVito, Cortney Love, Paul Giamatti y el grupo R.E.M. se juntan en un bar para hablar de Andy Kaufman y...


viernes, 21 de junio de 2013

El Ser y la nada?

Dos reflexiones marcaron mi jornada de ayer.

La primera fue la siguiente frase que resumió las 24 horas chilotas que experimenté en “The Chilot´s experence”, a propósito de la conversación más importante que allí tuve con la señora Bohn (quien para mí ya parece uno de esos maravillosos personajes de estilo Brecht ): "no somos seres humanos viviendo una experiencia espiritual, sino seres espirituales viviendo una experiencia humana".

La segunda fue la definición de "adolescente" de Jaime Coloma en SQP; quien (respiren profundo), con aires de cerrar una acaloradísima discusión (sobre si el hijo de Raquel debió o no golpear el micrófono de una periodista), despliega una declaración demoledora, ya inmerso en esa atmósfera de inagotable sapiencia (SQP), al definir la palabra "adolescente" como: "aquel que adolece de "adultez" y adolece de niñez al mismo tiempo". Hubieran visto la cara de Krishna de Caso (creo) mirando hacia el cielo, sacando cuentas, y luego abriendo los ojos, y moviendo la cabeza solemnemente, dando a entender que la conclusión de Coloma era brillante.

¡Simplemente maravilloso! Con estas dos reflexiones di por cerrado el día.

 La foto es el registro gráfico de esas maravillosas 48 horas

domingo, 9 de junio de 2013

Kon-tiki





"Ningún inventor moderno, por inteligente que fuera, podría, sentado en su laboratorio, inventar nada mejor que lo que una milenaria experiencia había enseñado a los esquimales para usar en sus propias regiones"
Peter Freuchen
(“La expedición de la <<Kon Tiki>>” de Thor Heyerdahl)

Desde el punto de vista histórico; Kon-tiki podría catalogarse como una de las expediciones humanas más grandes y complejas de la historia del siglo XX, llevada a cabo con los instrumentos más rudimentarios que la américa precolombina podía proveerle al hombre.
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Desde un punto de vista científico; fue la lucha de un hombre (Thor Heyerdahl) por demostrar que era posible pensar que los pobladores de la polinesia podrían provenir de pueblos precolombinos; acaloradísima discusión de la época en dónde la ciencia se encontraba detenida y dejaba amplios márgenes para que la imaginación, mezclada con experiencias legendarias, guiaran el camino.

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Desde el punto de vista literario; el libro “La expedición de la <<Kon Tiki>>” de Thor Heyerdahl da cuenta de un viaje que resulta ser una delicia para cualquier mente aventurera que se anime a protagonizar la emoción de este gran episodio planetario; dicha obra no es más que una reconstrucción del relato histórico de un sueño y aventura, pintado con matices épicos; una locura llevada al extremo y que puede resumirse en la voz de Heyerdahl, sobre su balsa, diciendo: “A veces nos encontramos en situaciones raras, sin saber cómo. Nos metemos en ellas paso a paso y del modo más natural, hasta que de súbito, cuando estamos ya enzarzados, el corazón nos da un vuelco y nos preguntamos cómo diablos pudo ocurrir aquello (…) ¿Cómo hemos venido a parar aquí? (…) Si volvía los ojos (…) el amplio mar azul se extendía sin obstáculos, con el silbido de sus olas que pasaban rodando al alcance de la mano, en eterna persecución de un horizonte siempre en retirada…”.  
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Desde el espíritu más puro de la aventura; Kon-Tiki podría explicarse con el siguiente telegrama que Heyerdahl envía desde New York a su amigo Torstein en Noruega: “Voy a cruzar el Pacífico en una balsa de madera para comprobar la teoría de que las islas del Pacífico fueron pobladas desde el Perú. ¿Quieres venir? No os garantizo más que un viaje gratuito de ida y vuelta al Perú y a las islas del Pacífico y amplia oportunidad de ejercitar vuestras habilidades técnicas durante el viaje. Contestad inmediatamente.”  Al día siguiente Heyerdahl recibió el siguiente comunicado: “Voy. Torstein”. 
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Y, por último, desde el punto de vista cinematográfico; esta maravilla fílmica, que postula al óscar 2013 como mejor película de habla no inglesa (tal como en 1950 lo hizo, y ganó, el documental que dio cuenta de esta travesía), resume la idea de “simplicidad” como filosofía de vida, como método para el conocimiento y como forma de crecimiento. Se trata de un film que no busca más que recapitular un hecho complejísimo (de la historia, de la ciencia, del espíritu de la aventura y de la literatura), en algo tan sencillo como “pensar y ejecutar”, sin filosofar antes de hacerlo. .
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Dos horas llenas de emoción, basadas en el libro y documental del expedicionista noruego, y que pueden, a su vez, explicarse en dos fórmulas de vida propuestas por éste: a) “el progreso no es más que la habilidad del hombre de complicar lo simple”; y, b) “¿Fronteras? Nunca he visto una. Pero he oído que existen en la mente de algunas personas”.


sábado, 8 de junio de 2013

La comunidad del metro






Hay gente que dice que el Metro de Santiago va siempre “asquerosamente lleno”, pero en realidad se trata de una comunidad que le gusta estar muy unida. Una, en la que todos quieren participar. Esa, en donde la solidaridad, la empatía y el actuar colectivo constituyen nuestras máximas.
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Y así se explica como siempre uno ve en los ojos de aquellos candidatos que esperan incorporarse, la ansiedad reveladora de un deseo insoslayable de ingresar, a como dé lugar, al gremio del Metro de Santiago; si usted sube a las 7 de la mañana o a las 7 de la tarde, verá perpetuos aspirantes, ardiendo en ese anhelo de incorporarse. 
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Tampoco existe otra forma de entender el hecho de que todos transpiren dentro de nuestras cabinas, simulando una empalagosa agonía interna; pues, en la comunidad del Metro, es tal el deseo de mantenerse dentro que la sola idea de verse fuera genera mucha angustia (tanto y más que el fastidio que revelan aquellos que no logra entrar a compartir, con nuestros comensales, a  la primera).
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Como ya les había adelantado, en el gremio del Metro de Santiago la solidaridad, la empatía y el actuar colectivo son las máximas directrices. Siendo así, todos sabemos que cuando estamos dentro, y un hermano caga, cagamos todos (perdonen mi coloquialismo). Aquí, todos estamos tiernamente preocupados de los movimientos de todos, pues, en nuestra comunidad, cuando se moviliza uno, nos movemos todos, compañero. Y vieran como sufrimos cuando perdemos un miembro, en especial los que llevan más tiempo dentro y han logrado acomodarse en las zonas más postreras; su caminata siempre es lenta y vergonzosa.
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Por otro lado, el concepto de “lleno” o “impenetrable” no es tema para nosotros, los feligreses del Metro; pues la solidaridad es la máxima imponderable, y el que quiera entrar que entre; a veces llegamos a tal punto de solidaridad, que la gente de afuera, para mostrarse dignamente solidaria, ayuda a los candidatos más próximos a la puerta a incorporarse; vieran como se esfuerzan algunos!
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En fin, si alguna vez visita la capital, no dude en intentar y esforzarse por ser parte de este agregado cultural que saca lo más intenso (en todos sus sentidos) y pintoresco del chileno pyme.