domingo, 15 de julio de 2018

Natales


Natales, Chile.
5 de mayo de 2018 


     La intimidad que revela una fotografía con sus luces, sombras y colores; es esa sutileza del alma que denuncia nuestro estado más frágil al entorno y la naturaleza que la rodea; ponerse detrás de una fotografía, no es lo mismo que ponerse delante; mirarse es, generalmente, mirar lo que uno observa; aterrizar el mundo de los ojos en esa mezcla de colores y emociones que la embargan. Es la infancia, es la ruta a lo desconocido, es la nostalgia de momentos y sensaciones dejadas en el ático de los recuerdos. 

     Detrás de cada imagen detenida, está el reencuentro con lo atávico, con lo sempiterno, con el dulce agraz de nuestras luces y sombras proyectadas en los colores; esa pizca de nuestra esencia que se fragmenta en momentos congelados y que toma movimiento en las emociones que la evocan en cada mirada.

     Natales, es la muestra de lo poco que me cuesta ser libre, de lo mucho que rinde no hacer caso al paso seguro, de que las mejores excusas son siempre las peores y de que el mundo brilla cuando aprendemos a decidir con el instinto y ejecutar con la razón (no al revés…).

     En cada imagen proyectada a ese viaje, a ese ímpetu a lo desconocido, me encuentro siempre con lo mismo: con lo más básico, sencillo, y amable de mis formas. En todo lo que no conozco, aparezco yo en mi mejor ciencia, en mis emociones más íntimas, en el irrestricto respeto que me evoca lo noble y lo instintivo.

     Detrás de cada imagen, retenida por el foco de esta tecnología, aparezco yo viéndola y sintiéndola… no tengo que ponerme enfrente para revelarme.  

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